"En febrero de 1942 Stefan Zweig acepta asistir con Lotte al carnaval de Río, pero el frenesí de las danzas, la violencia de los instintos demostrados al ritmo de una música ensordecedora, no expresan ninguna alegría. Zweig no ve más que ruido, furor, muecas y grotescas contorsiones. Tras un solo día de carnaval regresa de manera súbita a Petrópolis, decidido a poner fin a todo”.
Así es como ve el bailoteo brasileño, un escritor reconocido y muy famoso, al exilio de la persecución de los judíos, en unos muy malos tiempos, con respecto a su equilibrio personal. Nos lo explica Jean-Jacques Lafaye en Una vida de Stefan Zweig. Nostalgias europeas (Barcelona, Alrevés, 2009).